STEPHEN T. BYINGTON: Precedentes para la sociedad anarquista (1894)

El anarquismo tiene la desventaja de que nunca se ha probado bajo condiciones civilizadas. Aunque parece funcionar bien en ciertas tribus salvajes descritas en La Justicia de Spencer y en algunas otras tribus indígenas de las regiones árticas, los conservadores dirán que el buen funcionamiento de estos pueblos se debe a que son inofensivos por naturaleza y no se creerán que la anarquía pueda haber contribuido a que tengan ese carácter pacífico. Por tanto, seguirán diciendo que, bajo la anarquía, nunca se podrán reprimir eficazmente los los actos de invasión, que las asociaciones protectoras se pasarán la mitad del tiempo luchando entre ellas y la otra mitad persiguiendo a criminales a los que no podrán atrapar. Desde luego, es justo responder a esto preguntándonos cuán mala tendría que ser la anarquía para ser algo peor que el Estado, pero también vale la pena responder fijándonos en los precedentes históricos que podemos encontrar al respecto.

En las organizaciones sociales más antiguas de las que tenemos conocimiento, la ciudadanía y la jurisdicción dependían de la familia. Una persona nacía en el seno de una tribu; por tanto, la tribu tenía derecho a someterla a sus normas y a hacérselas cumplir allí donde pudiera encontrarla. Y esa persona tenía el mismo derecho a reclamar la protección de la tribu allí donde esta pudiera llegar. Dichos derechos y deberes eran, en algunos casos al menos, inalienables. A veces, podemos encontrar esta forma de organización social incluso en el seno de las ciudades, como ocurría en la Arabia preislámica. La historia de la vida de Mahoma nos muestra varios casos de ciudades habitadas por dos o más tribus independientes en las que los distintos grupos se enfrentan entre sí. Pero no parece que esos conflictos entre tribus diferentes de una misma ciudad fueran más tumultuosos ni más intensos que algunos perpetrados por personas de la misma tribu en otras circunstancias. Al menos, este sistema pudo mantenerse y satisfizo a quienes vivieron bajo el mismo mientras duró. Hasta que fue derrocado por un poder que también logró derrocar grandes imperios. Esta debería ser una respuesta para quienes piensan que dos cuerpos de policía no pueden coexistir en el mismo lugar, porque nunca hubo una gente que “necesitase un gobierno fuerte” más que aquellos árabes.

Pero este sistema ha cambiado hacia una mayor libertad. En la actualidad, una persona puede cambiar su ciudadanía y las leyes a las que está sujeta en el momento que desee, siempre que abandone su país. Ahora imagina lo que habría dicho un buen conservador del sistema de clanes si le hubiesen propuesto este cambio: «¡Qué anarquista! ¡Alguien podría escapar de todas las leyes que le atan simplemente huyendo! ¡La ley y el orden cesarían por completo!». Sin embargo, el mundo ha sobrevivido a ello. Pues bien, el anarquismo propone aumentar aún más dicha libertad, eliminando la condición de que una persona deba abandonar su país. Esto no introduciría ninguna dificultad, me parece, que el mundo no haya manejado bastante bien en uno u otro de los sistemas que han existido hasta el momento.

Pero, ¿por qué retrotraernos hasta la historia antigua? La ciudad de Kansas es otro ejemplo que se encuentra mucho más cerca. La frontera estatal pasa justo por el borde de la ciudad, entre calles populosas. Personas que viven en la misma calle están sujetas a leyes diferentes y buscan la protección de poderes diferentes. Los salones de Kansas están construidos hasta la línea del Estado. Las dificultades teóricas para que un policía de Missouri persiga a alguien hasta Kansas son mucho mayores que las de dos asociaciones anarquistas que ejercen el poder policial en el mismo terreno. Pero la ciudad de Kansas afirma ser un lugar muy próspero. Otro caso es el de Nueva York y la ciudad de Jersey. Cuando estén conectadas por un túnel o un puente surgirá básicamente el mismo dilema; las condiciones imposibles atribuidas al anarquismo se introducirán en Nueva York. ¿Por qué los defensores del orden público no protestan contra estas mejoras?

Lo que es aún peor, bajo la anarquía, toda persona estaría sujeta a su asociación vecinal, hasta el punto de que esta podría penarle por actos que fueran claramente invasivos. Sin embargo, hoy en día, en todos los países civilizados hay un gran cuerpo de personas que no están sometidas a ninguna ley: los diplomáticos y cónsules sólo son responsables ante el Gobierno que los envía. Una vez, Cromwell ordenó colgar a un embajador por cometer un asesinato, pero nadie se atrevió nunca a seguir su ejemplo. Si un cónsul comete un crimen aquí, todo lo que podemos hacer es es solicitar educadamente a sus superiores que le declaren persona non grata y que le castiguen en su país de origen de la forma más apropiada. Este privilegio se extiende a la comitiva de los representantes extranjeros, incluyendo, creo, incluso a los trabajadores domésticos.

Los países cristianos tienen como práctica habitual, frente a los no cristianos, el antiguo principio de que sus súbditos en un país extranjero no están sujetos a las leyes de dicho país. Este privilegio siempre se prevé en los tratados. Por tanto, los ciudadanos europeos en dichos países no están obligados por ninguna ley que no sea la que imponga su cónsul. En lugares como El Cairo y Jerusalén hay colonias integradas por, al menos, media docena de nacionalidades, siendo los ciudadanos de cada una de ellas responsables sólo ante su cónsul. Yo nunca he oído una propuesta para unir a todos los europeos, por no decir a toda la ciudad, bajo una única autoridad.

Pero el anarquismo – ¡Oh, oh!

Texto tomado de: Stephen T. Byington, Precedents for Anarchistic Society, Liberty, Vol. IX, n°52, 5 May 1894.

Texto en inglés: STEPHEN T. BYINGTON: Precedents for Anarchistic Society. (Traducido por Piluca M.)

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